
Geraldine Marquez
Sobre mí
Soy Geraldine Marquez, ingeniero civil, artista y, ante todo, una persona que encontró nuevamente en el arte una parte de sí misma que nunca había desaparecido.
Dibujo y pinto desde que tengo uso de razón, mis primeros recuerdos relacionados con el dibujo son pequeños y algo borrosos: mi hermana mayor enseñándome a dibujar personas, a hacer el cabello de las mujeres; los niños de la escuela pidiéndome que dibujara para ellos. Desde muy pequeña sentía una fascinación especial por crear algo que antes no existía, simplemente con mis manos y un lápiz.
Con los años, esa curiosidad fue creciendo, experimenté con grafito, lápices de colores, óleo, acrílico, pintura sobre tela, acuarela, marcadores y distintas técnicas y materiales. Siempre me ha atraído descubrir cómo una textura, una herramienta o una forma diferente de trabajar puede transformar una idea en algo tangible.
Pero hubo un momento en que el arte quedó en pausa.
A los 16 años comencé a prepararme para la universidad y, poco después, mi vida se llenó de matemáticas, cálculos, diseños, estructuras, clases y largas jornadas de estudio. Elegí dedicarme por completo a mi carrera y dejé el dibujo casi a un lado, aunque, de alguna manera, nunca pude abandonarlo del todo: mientras estaba en clases, llenaba los márgenes de mis cuadernos con ojos, líneas, rostros y pequeños dibujos, no eran obras, no tenían un propósito, pero quizás eran una pequeña forma de recordarme quién era.
Después llegó el trabajo, con nuevas responsabilidades y menos tiempo todavía. Me enamoré, formé una familia y nació mi hijo. Mi vida comenzó a girar alrededor de él y de todo aquello que necesitaba de mí.
El arte quedó guardado.
Durante años solo quedaron algunos materiales antiguos, unos lápices, unos colores y una máquina para tatuar de una época en la que también había intentado explorar ese mundo. Nada parecía definitivo. Yo tampoco sabía que aquella parte de mí seguía esperando.
Hasta que la vida cambió nuevamente.
Dejé Venezuela y emigré sola a Chile buscando un futuro mejor para mi familia. Llegar a un país nuevo significó comenzar prácticamente desde cero. Trabajar, adaptarme, resolver, seguir adelante. Había poco espacio para detenerme y mucho que sostener.
Y entonces ocurrió algo muy sencillo.
Mi hermana, también artista, comenzó a pintar poleras a mano y un día me pidió que la ayudara con una.
Tomé los pinceles y empecé a pintar y sentí algo difícil de explicar.
Fue como encontrarme con un recuerdo que no sabía que estaba buscando, como si algo que llevaba años dormido volviera de repente a la vida.
Después de ese día comencé a comprar materiales nuevamente, primero poco a poco: pinturas para tela, acuarelas, óleos, lápices, marcadores, lienzos. Empecé a pintar sin demasiadas pretensiones, simplemente como un pasatiempo, unos minutos aquí, unas horas allá.
Pero el arte volvió a crecer dentro de mí y esta vez no quería limitarme a pintar solamente lo que veía, quise pintar lo que sentía.
Durante años he tenido sueños que se repiten, algunos son hermosos; otros son extraños, intensos o inquietantes. Hay sueños que he visitado tantas veces que, incluso dentro de ellos, soy capaz de reconocerlos, sé cuándo estoy regresando a un lugar que ya había recorrido mientras dormía.
Entonces me hice una pregunta; ¿Y si los dibujo?
Así comenzaron a aparecer algunas de mis obras más personales.
Empecé a convertir mis sueños y pesadillas en imágenes, pero también mis recuerdos, mis emociones y mis experiencias. Pinté momentos de mi viaje a Chile, sentimientos que no siempre sabía cómo expresar con palabras, paisajes, naturaleza, vida y todo aquello que despertaba algo dentro de mí.
Poco a poco comprendí que para mí pintar no es solamente crear una imagen.
Es contar una historia.
Cada obra puede esconder un recuerdo, un sueño, una emoción o una experiencia, algunas nacen de algo que viví, otras de algo que soñé, otras simplemente de una sensación que necesitaba convertirse en color.
Hoy quiero llevar esas historias mucho más lejos.
Quiero que mi arte pueda encontrar a otras personas y que, al observar una obra, puedan reconocer algo de sí mismas en ella, quizás porque tuvieron un sueño parecido, porque han sentido una emoción similar, porque un paisaje les recuerda un lugar que alguna vez conocieron, porque una historia les resulta familiar o simplemente porque aman el arte y encuentran belleza en aquello que intento expresar.
No busco solamente que alguien tenga una obra mía en algún lugar, quiero que tenga una parte de la historia que hay detrás de ella.
Soy ingeniero civil y durante muchos años mi vida estuvo construida alrededor de números, estructuras y proyectos, hoy también construyo de otra manera; con colores, formas, recuerdos, sueños y emociones.
Quizás el arte nunca se fue realmente, quizás simplemente estaba esperando que volviera a encontrarlo.
